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BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA DEL VENERABLE DON JUAN DE PALAFOX

RESCATADO DE LAS AGUAS
No es de extrañar que la poderosa figura del próximo beato siga suscitando admiración y devoción en la Puebla del siglo XXI. ¿Pero en qué radica esta fascinación? Ciertamente, en que Juan de Palafox y Mendoza fue un hombre que se dejó encontrar y transformar por Dios. Y de ese encuentro brotó toda su fuerza para ser discípulo y misionero de Jesús; discípulo y misionero que en todas sus obras procuraba ser instrumento del amor divino para todos, especialmente para los más necesitados.
Corría el Año jubilar de 1600 cuando nació, en la Villa de Fitero, Reino de Navarra, España, don Juan de Palafox y Mendoza, el 24 de junio. Hijo natural de don Jaime de Palafox y Rebolledo, futuro Marqués de Ariza, y de doña Ana de Casanate y Espés. Ésta última llegó a los Baños de la localidad con el propósito de dar a luz y ocultar el nacimiento de la criatura. Una criada intentó abandonar al niño en una acequia cercana al río Alhama, pero fue descubierta por el alcaide de los Baños, Pedro Navarro, quien se hizo cargo del pequeño, llevándolo del río “a una casa”.
Aquel niño, rescatado de las aguas, fue bautizado el día 29 del mismo mes de junio. “…Habiendo nacido afeado y lastimado de las tribulaciones que padeció, –escribe años más tarde el propio Palafox– perseguido antes de nacer y al nacer y después de haber nacido, así como recibió el agua del Bautismo, cobró gracia y hermosura espiritual y corporal y con esta última (que fuera mejor la primera) vivió en todas las edades”
El Bautismo es un sacramento, instituido por Cristo (Mt 28,19-20), que perdona el pecado original y todos los pecados personales, nos hace hijos adoptivos del Padre, miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, templos del Espíritu Santo y partícipes de la naturaleza divina (cfr.2 Pe 1,4; Rm 8,17). Además, comunica la gracia santificante que capacita para creer en Dios, esperar en Él, amarlo y vivir como enseña, mediante las virtudes teologales, los dones del Espíritu Santo y las virtudes morales. ¡Qué gran sacramento! Por eso comprendemos muy bien cuando Palafox dice que luego del Bautismo “cobró gracia y hermosura espiritual”.
“Crióse pobre –comenta él mismo– porque lo era quien lo criaba”3. Sin embargo, Dios le había dado “gracia con todos y lo amaban y era generalmente agradable”4. Fue un niño piadoso y compasivo, cuyo estilo de vida pastoril cambió repentinamente cuando, a los nueve años de edad, fue reconocido por su padre natural. Su madre, arrepentida de su pecado, decidió tomar el hábito de Carmelita Descalza en el Convento de santa Ana de Tarazona en 1601.
Don Jaime de Palafox confió la educación de su hijo Juan a los jesuitas del Colegio de San Gaudioso, en Tarazona, donde a los doce años de edad recibió el sacramento de la confirmación y la coronilla, de manos del Obispo Fray Diego de Yepes, ya que su padre lo quería para la carrera eclesiástica.
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